Reescribiendo Athas: Dark Sun Reloaded II

Agua

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Un poco de Historia de Athas: Dark Sun Reloaded

Dark Sun tiene agua. El apocalipsis ecológico de Athas no estuvo causado por la desertización tal como la comprendemos en nuestro mundo. Lo que se le arrebató a la tierra de Athas no fue el agua, si no la misma esencia vital. Aunque se abrieran los cielos y la lluvia anegase las llanuras, nada puede crecer ya en ella.

La sequía llegó después, una consecuencia de la muerte de la vegetación. Poco a poco el agua dejó de fluir en la superficie, y las grietas en el lecho oceánico abiertas durante las Guerras Brujas se tragaron el resto. Dos mil años de tierra estéril envenenaron la poca agua superficial que queda. Donde antes se extendían océanos, ahora hay grandes lagos salados poco profundos, calderas de evaporación donde la poca lluvia arrastra los minerales de la tierra yerma. Océanos de agua tóxica, ácida, bordeados de playas de sal venenosa. Los volcanes aún activos añaden sus emanaciones a la mezcla, alterando las mareas, llevando nubes de gases tóxicos a sus orillas. El agua ponzoñosa sube y baja sin orden ni ciclo discernible, empujada por las invisibles corrientes subterráneas y las erupciones que alteran la capa freática. El viento arrastra cristales de ácido, nubes de amoniaco y azufre, cegando a los que se aventuran a sus orillas, quemando sus pulmones, envenenándoles lentamente. La madera, el metal y el hueso se corroen en cuestión de días.

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El Océano Venenoso es un lugar terrible y peligroso. Pocos pueden sobrevivir en sus orillas cubiertas de mineral venenoso, nadar en sus aguas tóxicas o respirar sus emanaciones ponzoñosas. Pero las pocas criaturas que lo hacen son las más salvajes, peligrosas y agresivas de Athas. Es imposible entender los ecosistemas donde se formaron las criaturas que nadan o recorren las aguas poco profundas del Océano Venenoso. La mayoría son demasiado extrañas como para ser nativas de Athas, demasiado incomprensibles para haber evolucionado en los 2000 años de decadencia del planeta. Quizás algunas residían en las profundidades del planeta, alimentándose de minerales mientras horadaban la roca, expulsados ahora a la superficie por las erupciones cataclísmicas. Quizás esas mismas erupciones, fruto de la magia más poderosa desatada durante las Guerras Brujas, abrieron grietas en la realidad además de en la materia. Quizás alguna entidad extraplanar de una realidad volcánica descubrió los lagos sulfúricos del centro del Océano y se mudó a Athas, expandiendo su progenie por todo el Océano.

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La mayoría de los habitantes del desierto no piensan mucho en esos asuntos. Les es suficiente con esquivar las nocivas nubes de extraños colores que el viento arrastra tierra adentro.

Sin embargo, no todos evitan las peligrosas orillas del Océano Venenoso. El gran caldero que es la cuenca del océano arrastra hasta la orilla grandes cantidades de minerales y extraños compuestos. Bajo el sol inmisericorde, la sal del Océano Venenoso se acumula en extensas llanuras completamente planas, más firmes y lisas que ningún empedrado de las Ciudades-Estado. Cuando las irregulares mareas se retiran, ciudades separadas por brazos de mar ácido quedan de repente cercanas y accesibles. Los más atrevidos comerciantes se lanzan a cruzar estas nuevas y seguras rutas, mientras las mareas son propicias, esperando obtener en breves días el beneficio de semanas de vagar por el desierto. Muchos lo consiguen. Algunos se arriesgan demasiado, y sus esqueletos cubiertos de sales de colores señalarán la ruta durante la siguiente marea baja.

Otros han encontrado la forma de aprovechar las extrañas cualidades de los depósitos costeros: La alquimia. Unos cuantos comerciantes envían periódicamente esclavos a las orillas para extraer compuestos y sales, que luego venden a los artesanos. Estos venenosos compuestos se utilizan para el curtido de pieles, fabricación de tinte y como ingrediente alquímico. Aunque los precios de estos productos son altos, el coste de los esclavos, que mueren en gran cantidad, hace que el margen de beneficio no sea demasiado atractivo, quedando el negocio en manos de unas pocas familias repartidas por las ciudades cercanas al Océano Venenoso. Donde los comerciantes no explotan este mercado, los gobernantes de las Ciudades-Estado envían ocasionalmente cuerdas de presos a las pozas de extracción. Considerada como una sentencia de muerte, muchos prisioneros prefieren quitarse la vida durante el camino o arrojarse a un lago de ácido a morir lentamente envenenados.

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¿Dónde queda agua, entonces? Oculta bajo la superficie, a miles de metros bajo la arena y la roca, aún quedan reservas de agua potable. El acceso a estas fuentes fue lo que permitió a los enanos resistir los largos asedios durante las Purgas. Aunque muchas de las fortalezas enanas de antaño están ahora abandonadas, todas ellas tienen profundos pozos que llegan hasta las frías aguas. Hay quien dice que las aguas de los enanos es lo que acabó por volver locos a los que se perdieron en las profundidades sin sol, o que los profundos pozos perturbaron el sueño de criaturas más antiguas que los Reyes-Hechiceros. Sea como fuere, sólo los desesperados, los locos o los ignorantes buscan los antiguos pozos de los enanos: Sus ciudades son ahora tumbas abandonadas, agazapadas en la oscuridad, habitadas por los fantasmas y la locura.

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Los pocos oasis que quedaron fueron el núcleo de las actuales Ciudades-Estado de los Reyes-Hechiceros. Tras dos mil años de explotación, muchos de dichos oasis no afloran a la superficie. El continuo trabajo de ahondar los pozos se lleva a cabo por esclavos y presos, una lucha eterna para abastecer a los sedientos habitantes de las ciudades. Muchos de estos pozos son ahora tanto o más profundos que los excavados por los enanos, y algunos estudiosos se preguntan si el destino de estos no estará acechando ahora a los súbditos de los Reyes-Hechiceros. Las cuevas y galerías subterráneas descubiertas por los trabajadores son rápidamente cegadas tras muros de adobe, sin explorar, y no es extraño que en la tierra excavada se descubran restos de antiguas construcciones o inscripciones en idiomas desconocidos. Si son parte de los antiguos reinos enanos, o las ruinas de alguna otra civilización desconocida en la superficie, nadie lo sabe. Algunos criminales y esclavos aprovechan estas cuevas para huir hacia la oscuridad, sin importarles los extraños grabados ni las columnas de huesos que adornan algunas de estas galerías subterráneas.

La última fuente de agua de Athas son los oasis repartidos por el desierto. Estos breves lagos aparecen y desaparecen con las estaciones, y muchos de ellos están fuertemente defendidos por las tribus de nómadas elfos. Estos vagabundos del desierto son los únicos que conocen los oasis escondidos a los que ninguna caravana de hombres ha llegado nunca, y protegen con fuerza letal su secreto. Los oasis más permanentes son el núcleo de asentamientos de todo tipo, pequeños estados por derecho propio, que cobran grandes sumas por el acceso al agua. Cada uno de estos asentamientos tiene sus propias leyes y costumbres, y aquellos situados en las rutas comerciales más importantes rinden vasallaje a los Reyes-Hechiceros de las ciudades cercanas. Sujetos a los caprichos de sus fuentes, estos fuertes son atacados con frecuencia por bandidos y contrabandistas, utilizados como moneda de cambio por los Reyes-Hechiceros y están envueltos constantemente en las luchas políticas y comerciales de los mercaderes. La vida en los oasis es cualquier cosa menos aburrida.

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